“Un tipo serio”

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firmaUno de los motivos fundamentales del cine es dejarnos un poso: hacernos pensar. Una buena película te lleva a otros lugares. Quizá a descubrir a un grupo de música o a un escritor o escritora, a plantearte tu vida, tu trabajo o tu relación de pareja. Los hermanos Coen son especialistas en crear este tipo de obras. Toda su filmografía está plagada de peliculones que te dejan una impronta muy fuerte.

No hay espacio en esta humilde sección para repasarla ni mínimamente, pero nos vamos a quedar con una de mis favoritas, que sin embargo es de las menos conocidas: “Un tipo serio”. Y la elegimos, por supuesto, porque tiene alguna relación con la profesión de odontólogo, pero ya llegaremos a eso.

Un tipo serio es la historia de un profesor de universidad judío. Larry Gópnik se llama. Lo de su religión es necesario mencionarlo porque es crucial para la historia. Larry, interpretado por Michael Stuhlbarg, es un padre de familia, creyente y cumplidor con sus costumbres. Es la judía una religión que basa su fe en la firme observación de dichas costumbres, unas reglas inquebrantables del juego.

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En esas está nuestro protagonista cuando en su vida se empiezan a suceder una serie de vicisitudes desagradables: su mujer le quiere abandonar, un alumno le intenta comprar con dinero la nota de un examen, su hijo, que está a punto de celebrar su bar mitzvah (algo así como una primera comunión, el paso de niño a hombre y tal), es un fumeta irremediable, su hija se avergüenza de sus facciones semíticas y quiere operarse la nariz, su vecina le tienta« cada uno de estas circunstancias harán que se mantenga fiel a su fe, y cuando flaquea buscará consejos en distintos rabinos. Se podría resumir en que se trata del libro de Job de la Biblia, pero fagocitado por la inabarcable creatividad de los Coen.

tiposerio3resizeJoel y Ethan Coen, por cierto, son judíos, y provienen de un tipo de familia similar a la que cuenta la película. Han aprovechado para contar cosas de su propia vida, pero en mi opinión, la crítica a las bases de su fe es muy grande. Dejarlo todo en manos de las creencias, o en la supuesta sabiduría de un rabino, al que se le supone una sabiduría que quizá no tenga, y buscar todas las respuestas de este mundo en otro, son algunas de las cuestiones que se tratan, pero al mejor estilo Coen, es decir, con una sutileza brutal.

En una de esas tronchantes visitas al rabino, para intentar explicar el funcionamiento del mundo, se produce uno de los momentos claves de la película: la historia de los dientes del gentil. El rabino le cuenta al protagonista que hacía unos años, un dentista fue a verlo con un tremendo problema.
Al revisar los dientes de uno de sus pacientes, un gentil (un no judío), se encuentra grabada en cada una de las piezas una letra del alfabeto hebreo, y juntas forman una cita de la Torá (el libro de la tiposerio4resizeLey judía, que incluye algunos libros del Antiguo Testamento). Le hace un molde de la dentadura y ahí está el pasaje. El dentista le dio vueltas y más vueltas, consultó con el rabino, pasó noches en vela, investigó pero no encontró la respuesta. Su paciente no era un hombre piadoso, y aquello no tenía sentido y precisamente de eso se trata: no tiene sentido.

En fin, “Un tipo serio”, como decía al principio, es una película que te deja un poso. Quizá conocer más la discografía de Jefferson Airplain, presentes en la banda sonora, o quizá adentrarse en las costumbres judías, o plantearte tu propia fe, si la tienes, y si no la tienes plantearte por qué no la tienes. Los hermanos Coen siempre aportan algo. Son especialistas en, como decía Hitchcock, vestir el tapiz, y cargar sus películas de curiosidades y valor añadido. Como la vida misma.

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