¡ OJO CON EL ASTERISCO !

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Me levanté bien y amanecía claro. Lo juro. Pero al salir de la clínica todo se nubló, comenzó a tronar, a relampaguear. Llovía con fuerza. El viento me obligaba a sujetar el paraguas con las dos manos. Y menos mal que lo tenía. Me caían enormes y pesados asteriscos negros, muy negros y a toda velocidad. El paraguas del COEA, mi única protección. No me explicaba por qué, cómo, qué estaba pasando…
Entonces recordé lo que me dijeron al regalarme el paraguas: Acuda siempre a su dentista de confianza, nunca permita que un comercial le presupueste un tratamiento sanitario y asegúrese de que su odontólogo está colegiado.

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